Solo tú y yo

Si hay algo que recuerdo de mi infancia con especial cariño es cuando nos juntábamos toda la familia para celebrar algún cumpleaños en Castro del Rio (Córdoba). Mis primos, mis hermanos y yo solíamos jugar al escondite entre los olivos, al pilla pilla y a subir piedras al tractor de mi tío. Cuando fuimos adolescentes, comenzamos a coincidir algunos veranos en Torrox, un pueblo costero de Málaga denominado como el mejor clima de Europa. Allí agrandamos la familia con nuevos amigos que venían de toda España a pasar el verano. Comenzaron los primeros amigos guiris, los cigarrillos, las medusas, sortear las grandes olas, las idas y venidas infinitas por el paseo marítimo, etc…
Pasó el tiempo y nos hicimos mayores, mi primo Antonio estudió enfermería y yo comunicación audiovisual. Años después recibí la noticia de que se había prometido con una joven madrileña llamada Raquel. Se habían conocido en el Hospital de Valdemoro, bueno, para mí no es uno de los sitios más románticos donde puedes conocer a alguien, pero teniendo en cuenta que ambos son sanitarios, es lógico. Así surgió el amor, como un chispazo de adrenalina en el corazón. Amantes de los perros, de la buena comida, de viajar, de practicar deportes de aventura y en general, de vivir la vida con mucha pasión.
Y como no, la boda se celebró en Córdoba. El olor a azahar, la Mezquita, el puente romano, la feria de mayo, los patios, las calles empedradas de la judería, las cruces, el calor de su gente… la ciudad califal es un escenario maravilloso para festejar uno de los días más importantes de la vida. Antonio y Raquel se dieron el sí quiero en el Salón de Mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos en presencia de la alcaldesa de Córdoba, Isabel Ambrosio. Fue una boda civil con mucho encanto en la que los mejores amigos de la pareja hicieron discursos muy emotivos. Después hicimos el posado en los bellos jardines mientra anochecía, verdaderamente quedó una postal muy romántica, aunque tuvimos que tener paciencia con los mosquitos que nos sobrevolaban. Posteriormente, el convite fue en el Real Círculo de la Amistad, un precioso palacio construido a mediados del siglo XIX y que posee un importante patrimonio pictórico con lienzos de Julio Romero de Torres, entre otros. Y por fin, comenzó la fiesta y todos comenzamos a bailar, incluso mis abuelos.

Un par de meses más tarde, Raquel y Antonio se fueron de luna de miel a los EEUU, un viaje por la ruta 66 que les llevó hasta San Francisco, Las Vegas y Hollywood, sin duda un road trip de cine. Probablemente en ese momento el tiempo se detuvo, “solos tú y yo”, debieron pensar los amantes.
¡Larga vida a los aventureros del amor!
//Un film realizado por Paco Mesino//